
me encanta esa sensación que siento en aquellas noches de verano, esas noches en las cuales no existe pauta ni limite, solo existe el viento tibio que nos regala la noche y ese olor a verano que es tan característico y nadie percata, sentarme a fumar un caño y mirar el mar es toda una odisea, es que estar en maría escuchando las olas lejos del pavimento es mas que mágico y esas estrellas que nos miran y brillan a lo lejos construyen un sabor perfecto. creo que es lo mas parecido a la libertad, pequeños momentos que se hacen eternos cuando acostado en la arena veo las estrellas y el humo que sale de mi boca que me acerca cada vez mas a ellas, solo en ese momento logro darme cuenta que mi destino era ser hippie y lo torcí, aunque que mas da, soy un mono durante 300 días al año y contando los carretes y escapadas raras que me pego del orden establecido, podría decir con toda seguridad que logro robar 65 días para mi, para ese hippie rockero que extraña la playa, el humo del cañito y las estrellas mágicas que regalan su luz al son de las olas.
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